El Abierto de Tortugas ya tiene a sus dos finalistas. La Natividad-La Dolfina confirmó su extraordinario presente con una contundente victoria sobre Ellerstina-Indios Chapaleufú, mientras que La Hache consiguió su clasificación en una definición electrizante, pese a caer ante Las Monjitas. El triple empate de la Zona B, la lluvia y una diferencia de apenas dos goles en el desempate terminaron de darle forma a una jornada inolvidable en Tortugas.

El 86.º Abierto de Tortugas, uno de los grandes escenarios de la Triple Corona del polo argentino, ya conoce a los protagonistas de su partido decisivo. La Natividad-La Dolfina y La Hache Polo Team volverán a encontrarse en una final de alto hándicap, en una temporada en la que ambos equipos vienen marcando diferencias respecto del resto de los participantes, aunque desde realidades deportivas muy distintas. El conjunto de Cañuelas llega nuevamente como el gran dominador del circuito, mientras que la formación de los hermanos Ulloa y los hermanos Panelo ratificó su condición de principal alternativa al poderío de los Cambiaso y los Castagnola.
La primera clasificación quedó resuelta el sábado, cuando La Natividad-La Dolfina superó con autoridad a Ellerstina-Indios Chapaleufú por 18-10 y aseguró el primer lugar de la Zona A. El encuentro comenzó con una Ellerstina decidida a discutirle el protagonismo al campeón defensor. De hecho, el conjunto de General Rodríguez consiguió adelantarse 2-1 en el primer chukker y encontró inicialmente algunas respuestas para incomodar a su adversario. Sin embargo, aquella resistencia duró poco. La Natividad-La Dolfina comenzó a imponer su superioridad técnica, aceleró las transiciones ofensivas y encontró en Camilo Jeta Castagnola a su principal carta de definición.
El desarrollo empezó a inclinarse definitivamente durante el segundo parcial, cuando los de Cañuelas dieron vuelta el marcador y pasaron a controlar las acciones. La progresión fue 1-2, 4-2, 6-4, 8-4, 10-4, 13-6, 16-6 y finalmente 18-10. La diferencia se construyó a partir de una mayor precisión en la circulación de la bocha, una extraordinaria capacidad para recuperar la posesión y, especialmente, una eficacia ofensiva que terminó desbordando a la defensa rival.
Camilo Castagnola fue el máximo anotador del encuentro con ocho goles, tres de ellos de penal. Adolfo Cambiaso convirtió tres tantos, dos desde los 30 yardas; Adolfo Cambiaso hijo aportó otros cuatro y Bartolomé Barto Castagnola completó su producción con tres conquistas, incluido un Penal 1. En Ellerstina-Indios Chapaleufú, Facundo Pieres fue el principal responsable de la ofensiva con seis goles, todos de penal, mientras que Gonzalo Pieres y Cruz Heguy aportaron uno y tres tantos, respectivamente.
La formación de La Natividad-La Dolfina, integrada por Camilo Castagnola, Adolfo Cambiaso, Adolfo Cambiaso hijo y Bartolomé Castagnola, reunió 40 goles de valorización. Ellerstina-Indios Chapaleufú presentó a Facundo Pieres, Antonio Heguy, Gonzalo Pieres hijo y Cruz Heguy, con una valorización conjunta de 37 goles. Más allá de la diferencia de hándicap, la distancia que se observó en el desarrollo del encuentro fue particularmente significativa a partir del cuarto chukker.
La victoria confirmó la capacidad de La Natividad-La Dolfina para resolver partidos de máxima exigencia sin depender exclusivamente de una individualidad. La sociedad entre los primos Castagnola y los Cambiaso volvió a ofrecer una combinación de velocidad, precisión y lectura táctica que permite al equipo instalarse rápidamente en campo contrario. La movilidad de sus delanteros, la profundidad de sus ataques y la capacidad para convertir situaciones de posesión en oportunidades concretas explican buena parte de su dominio durante esta temporada.
Con el primer finalista definido, toda la atención pasó a la Zona B, donde la clasificación se resolvió en una jornada de enorme dramatismo. Antes del enfrentamiento entre La Hache y Las Monjitas, La Irenita consiguió una victoria fundamental frente a La Aguada por 16-15, con un gol de Pablo Mac Donough cuando ya había sonado la campana del octavo chukker. Fue un desenlace agónico para un partido que había presentado una gran paridad durante buena parte de su desarrollo.
La Irenita comenzó mejor y consiguió establecer diferencias en los primeros parciales. Sin embargo, La Aguada reaccionó, encontró respuestas en el juego de Alfredo Bigatti y Joaquín Pittaluga y llevó la definición hasta los últimos instantes. La progresión fue 3-1, 5-2, 6-3, 7-6, 10-8, 12-10, 13-13 y 16-15. Paco de Narváez fue uno de los puntos altos del ganador, con seis goles, mientras que Pablo Pieres convirtió cinco y Pablo Mac Donough aportó tres. Por el lado de La Aguada, Joaquín Pittaluga marcó ocho tantos, siete de ellos de penal, y Alfredo Bigatti sumó cuatro.
La formación de La Irenita estuvo integrada por Pablo Pieres, Paco de Narváez, Pablo Mac Donough y Matías Mac Donough, con 34 goles de valorización. La Aguada presentó a Bautista Bayugar, Alfredo Bigatti, Ignacio Laprida y Joaquín Pittaluga, con 32 goles de hándicap. El triunfo permitió a La Irenita terminar su participación en Tortugas con tres victorias, pero su situación en la tabla ya no le permitía aspirar a la final.
Ese resultado modificó definitivamente las necesidades de Las Monjitas, que debía afrontar su compromiso frente a La Hache con una obligación muy concreta: ganar por cinco goles de diferencia para conseguir la clasificación. El equipo de los hermanos Ulloa y los hermanos Panelo llegaba mejor posicionado y sabía que una victoria o incluso una derrota por hasta cuatro tantos le alcanzaría para disputar la final. La presión estaba del lado de Las Monjitas, que tenía ante sí la posibilidad de conseguir su primera clasificación a una final de la Triple Corona.
El partido se convirtió en uno de los encuentros más atractivos de la temporada. Las Monjitas salió decidido a buscar la diferencia y encontró en Rufino Bensadón a su principal argumento ofensivo. El delantero tuvo una actuación extraordinaria, con nueve goles, seis de ellos de penal, y fue determinante para mantener a su equipo con posibilidades reales de clasificación hasta el último chukker. También se destacó Juan Martín Nero, que convirtió tres tantos y tuvo una participación decisiva en la construcción de la ventaja durante la primera mitad.
El encuentro comenzó con una marcada paridad. Las Monjitas logró mantenerse al frente del marcador, aunque sin conseguir la diferencia que necesitaba. Al término del tercer chukker, Benjamín Panelo había conseguido establecer el empate 7-7 y La Hache parecía mantener el control de la situación. Sin embargo, el desarrollo cambió durante el cuarto parcial, cuando Las Monjitas encontró mayor profundidad ofensiva y aprovechó algunos espacios en la defensa rival.
Dos goles de Rufino Bensadón y dos conquistas de Juan Martín Nero permitieron que Las Monjitas llegara al descanso largo con una ventaja de 11-7. La diferencia de cuatro tantos lo dejaba a una sola conquista de alcanzar el objetivo. La lluvia comenzó a intensificarse y el partido adquirió una dimensión todavía más exigente, con ambos equipos obligados a sostener un ritmo muy alto en condiciones complicadas.
La emoción llegó a su punto máximo durante el quinto chukker. Una buena asistencia de Lucas Monteverde hijo terminó con una definición de Bensadón y llevó el marcador a 12-7. Las Monjitas había conseguido por primera vez los cinco goles de diferencia que necesitaba para clasificarse. En ese momento, la clasificación estaba en sus manos y La Hache debía reaccionar para evitar que el resultado se transformara en una eliminación.
La respuesta del equipo de Hilario Ulloa llegó en los parciales siguientes. Benjamín Panelo, que terminaría siendo el máximo goleador de La Hache con ocho tantos, comenzó a asumir mayores responsabilidades en ataque. Tomás Panelo también aportó conquistas fundamentales y el equipo logró recuperar parte del terreno perdido. La diferencia volvió a reducirse y Las Monjitas, pese a conservar la ventaja, ya no podía jugar con la tranquilidad que había conseguido durante el quinto chukker.
El séptimo parcial volvió a ofrecer alternativas. Tomás Panelo anotó para La Hache, Bensadón respondió para Las Monjitas y el marcador llegó a 15-11. Sin embargo, Toly Ulloa y Benjamín Panelo volvieron a encontrar los mimbres y dejaron la diferencia en apenas dos goles, con el tablero 15-13. La clasificación seguía abierta, pero Las Monjitas necesitaba recuperar terreno rápidamente.
En el octavo chukker, Bensadón convirtió un penal de 60 yardas y estableció el definitivo 16-13. Las Monjitas había conseguido una victoria de enorme mérito deportivo, pero no alcanzaba la diferencia necesaria para desplazar a La Hache. El conjunto de los Ulloa y los Panelo terminó celebrando una clasificación conseguida en circunstancias muy particulares: perdió el partido, pero conservó el lugar que le permitía acceder a la final.
Las Monjitas presentó a Rufino Bensadón, Lucas Monteverde hijo, Juan Martín Nero e Ignatius du Plessis, con 34 goles de valorización. La Hache alineó a Hilario Ulloa, Carlos María Ulloa, Benjamín Panelo y Tomás Panelo, también con 34 goles de hándicap. Además de los nueve tantos de Bensadón, Las Monjitas contó con tres conquistas de Nero, una de Monteverde y una de du Plessis, más dos goles adicionales de penal. En La Hache, Benjamín Panelo convirtió ocho, Tomás Panelo dos, Carlos María Ulloa dos e Hilario Ulloa uno.
La clasificación se definió a partir del triple empate entre La Hache, Las Monjitas y La Irenita, los tres equipos con tres victorias y una derrota. Para establecer el orden se tomaron en cuenta los resultados de los enfrentamientos directos entre los tres conjuntos. La Hache había vencido a La Irenita por 18-12, luego cayó ante Las Monjitas por 16-13 y Las Monjitas, a su vez, había perdido frente a La Irenita por 14-12. De esta manera, La Hache terminó con una diferencia de tres goles en esos enfrentamientos, Las Monjitas quedó con más uno y La Irenita con menos cuatro.
La diferencia de apenas dos goles entre La Hache y Las Monjitas terminó siendo decisiva. El equipo naranja necesitaba ganar por cinco tantos para superar a su rival en el desempate. Consiguió alcanzar esa ventaja durante el partido, pero no pudo sostenerla hasta el final. La reacción de La Hache evitó que la clasificación cambiara de manos y le permitió conseguir su segunda final consecutiva de la Triple Corona, después de haber disputado la definición del Abierto de Hurlingham.
El resultado también confirmó la consolidación de La Hache como uno de los equipos más competitivos del polo argentino. Su formación combina la experiencia de Hilario Ulloa, la solidez de Carlos María Ulloa y la capacidad ofensiva de los hermanos Panelo. Benjamín, especialmente, viene demostrando una evolución muy importante y se ha convertido en una pieza fundamental para el funcionamiento del conjunto. Su producción goleadora frente a Las Monjitas fue una muestra de su importancia en los momentos de mayor presión.
Del otro lado, Las Monjitas se llevó una victoria que, aunque no alcanzó para clasificar, dejó señales muy positivas. La actuación de Rufino Bensadón, el despliegue de Lucas Monteverde y la jerarquía de Juan Martín Nero permitieron construir una de las mejores producciones colectivas de la jornada. El equipo demostró que puede competir de igual a igual con las principales formaciones del circuito y que tiene argumentos para ser protagonista en el Abierto Argentino de Palermo.
De esta manera, la final de Tortugas volverá a enfrentar a La Natividad-La Dolfina y La Hache, los mismos protagonistas de la definición del Abierto de Hurlingham. La Natividad-La Dolfina buscará ratificar su condición de mejor equipo de la temporada y defender la supremacía que viene ejerciendo en la Triple Corona. La Hache, por su parte, tendrá la oportunidad de tomarse revancha de aquella final y de intentar quebrar la hegemonía del conjunto de Cañuelas.
El desafío será especialmente exigente para La Hache. Frente tendrá a una formación de 40 goles de valorización, con cuatro jugadores de diez goles de hándicap y una capacidad de resolución ofensiva que ha quedado demostrada a lo largo de todo el torneo. La clave para el equipo de los Ulloa y los Panelo estará en sostener la presión, evitar que sus adversarios puedan instalarse cómodamente en ataque y aprovechar cada oportunidad de contraataque. También será fundamental la producción de sus delanteros y la capacidad de sus caballos para mantener la intensidad durante los ocho chukkers.
Para La Natividad-La Dolfina, el objetivo será imponer nuevamente su estructura colectiva. La movilidad de Cambiaso, la velocidad de los Castagnola y la capacidad para generar superioridad numérica en cada sector de la cancha representan herramientas difíciles de neutralizar. Si consigue establecer el ritmo del partido desde los primeros minutos, tendrá buenas posibilidades de prolongar su dominio.
La final está prevista para el sábado 7 de noviembre, en la cancha 6 del Tortugas Country Club, por la Copa Emilio de Anchorena. Será una nueva oportunidad para medir la distancia entre el equipo que hoy domina el polo argentino y el que se ha consolidado como su principal perseguidor.
Tortugas ya tiene a sus finalistas. La Natividad-La Dolfina llega con autoridad, respaldada por su contundencia y su funcionamiento colectivo. La Hache llega después de una clasificación agónica, demostrando carácter y capacidad de resistencia en una jornada que pudo terminar de manera muy diferente. Dos equipos, dos realidades y un mismo objetivo: quedarse con uno de los títulos más importantes de la temporada argentina de polo.