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2026 Argentina Jockey Club

LA IRENITA SE CONSAGRÓ EN EL JOCKEY CLUB Y LLEGA A LA TRIPLE CORONA CON UNA SEÑAL DE AUTORIDAD

Un campeón que creció con el partido y terminó imponiendo su jerarquía

La Irenita se consagró campeón del 61° Abierto del Jockey Club Copa Eminent al derrotar a Las Monjitas por 13-9 en la Cancha 1 del Jockey Club de San Isidro, en una final que durante buena parte de su desarrollo tuvo absoluta paridad, pero que terminó inclinándose con claridad hacia el equipo de los Mac Donough a partir del quinto chukker.

Fue una definición de alto handicap con todos los condimentos que se esperan de un partido de estas características: intensidad, velocidad, juego abierto, alternancia en el dominio de la bocha, presión sobre cada hombre y una segunda mitad en la que la capacidad de La Irenita para transformar situaciones de ataque en goles terminó siendo determinante.

La formación campeona, integrada por Paco de Narváez, Beltrán Laulhé, Pablo Mac Donough y Matías “Vizcacha” Mac Donough, llegó a la definición con 33 goles de valorización y terminó imponiendo su estructura frente a un conjunto de Las Monjitas de 32 goles, que había alcanzado la final después de una extraordinaria victoria ante La Natividad La Dolfina.

El resultado final, 13-9, puede dar la impresión de una diferencia mayor de la que realmente existió durante buena parte del encuentro. Hasta el cuarto chukker, la final fue prácticamente de igual a igual. El tablero marcaba 6-6 y ninguno de los dos equipos conseguía establecer una superioridad sostenida.

La historia cambió después del descanso largo.

Allí apareció la mejor versión de La Irenita.

UNA FINAL QUE ARRANCÓ ABIERTA

Desde el primer throw-in quedó claro que no habría demasiados espacios para la especulación.

Las Monjitas salió a jugar con decisión, intentando llevar la bocha hacia adelante con velocidad y aprovechando la dinámica de Rufino Bensadón, Lucas Criado y Juan Britos. La Irenita, por su parte, buscó establecer rápidamente una estructura de juego más ordenada, con Pablo Mac Donough como eje de la organización y Matías Mac Donough cumpliendo un papel fundamental desde el fondo.

El primer chukker terminó 1-1.

Era apenas el comienzo, pero ya podía advertirse una característica que terminaría definiendo la primera mitad: ninguno lograba sostener el control durante períodos prolongados.

Las Monjitas tuvo momentos de dominio territorial y consiguió adelantarse 3-1 durante el segundo parcial. Sin embargo, La Irenita respondió rápidamente y volvió a meterse en partido.

El conjunto rojiblanco no perdió la compostura.

En lugar de entrar en un intercambio permanente de ataques sin estructura, intentó recuperar la bocha y salir con mayor claridad. La combinación entre la experiencia de Pablo Mac Donough y la potencia de los otros tres jugadores comenzó a darle al equipo una alternativa diferente para cada situación de juego.

El segundo chukker terminó 2-3 para Las Monjitas, pero la diferencia era mínima.

El partido estaba completamente abierto.

EL MEDIO CAMPO COMO ZONA DE BATALLA

Uno de los aspectos más interesantes de la final fue la disputa en el medio de la cancha.

En el polo de alto handicap, la capacidad de ganar la primera bocha y, fundamentalmente, de transformar una recuperación defensiva en una situación ofensiva limpia, suele marcar diferencias. En San Isidro ocurrió exactamente eso.

Pablo Mac Donough tuvo una participación central en ese aspecto.

El diez goles de La Irenita fue quien consiguió, especialmente después del descanso, darle mayor continuidad al juego de su equipo. Su lectura de las líneas de pase y su capacidad para conducir la bocha permitieron que La Irenita dejara de jugar exclusivamente en función de los movimientos de Las Monjitas.

El partido comenzó a cambiar cuando La Irenita consiguió jugar más adelante.

Ya no se trataba solamente de defender los avances rivales. La Irenita empezó a recuperar y salir inmediatamente hacia campo contrario, obligando a Las Monjitas a retroceder.

Ese cambio fue decisivo.

6-6: LA FINAL LLEGÓ AL ECUADOR SIN DUEÑO

El tercer chukker terminó 5-5 y el cuarto fue nuevamente de enorme equilibrio.

Las dos formaciones llegaron al descanso largo empatadas 6-6.

La progresión del partido hasta ese momento refleja perfectamente lo sucedido:

1-1, 2-3, 5-5, 6-6.

Las Monjitas había tenido momentos de supremacía, pero nunca había logrado despegarse.

La Irenita, por su parte, había mostrado una virtud que terminaría siendo fundamental: aun cuando no encontraba su mejor polo, permanecía dentro del partido.

Ese detalle fue determinante.

Porque cuando llegó el quinto chukker, el partido estaba en cero.

Y allí La Irenita encontró otra velocidad.

EL QUINTO CHUKKER, EL PUNTO DE INFLEXIÓN

El quinto parcial fue el verdadero quiebre de la final.

La Irenita comenzó a ganar los duelos individuales, recuperó más bochas en el medio y, fundamentalmente, consiguió encadenar jugadas ofensivas.

El equipo dejó de depender de acciones aisladas y comenzó a jugar como bloque.

Paco de Narváez y Beltrán Laulhé empezaron a tener mayor incidencia en la presión sobre los hombres de Las Monjitas. Pablo Mac Donough encontró espacios para conducir y Matías Mac Donough empezó a convertirse en una pieza decisiva tanto para cortar avances como para iniciar ataques desde el fondo.

El resultado fue inmediato.

La Irenita ganó el quinto chukker 3-1 y pasó del 6-6 al 9-7.

No era todavía una final definida, pero sí había cambiado la sensación del partido.

Las Monjitas había dejado de tener la misma fluidez que había mostrado durante la primera mitad.

La Irenita, en cambio, comenzaba a jugar con mayor confianza.

EL SEXTO CHUKKER Y EL GOLPE DEFINITIVO

Si el quinto parcial fue el punto de inflexión, el sexto terminó de inclinar la balanza.

La Irenita siguió presionando y encontró nuevamente la manera de transformar sus recuperaciones en goles.

El equipo se mostró más compacto.

La diferencia entre ambas formaciones comenzó a aparecer en la eficiencia.

Mientras Las Monjitas necesitaba elaborar más sus ataques para conseguir situaciones claras, La Irenita encontraba profundidad con mayor rapidez.

El sexto chukker terminó nuevamente favorable al campeón, esta vez por 3-1.

El marcador pasó de 9-7 a 12-8.

Cuatro goles de diferencia con solamente un chukker por jugar.

La final estaba prácticamente en manos de La Irenita.

LAS MONJITAS BUSCÓ LA REACCIÓN

El último chukker mostró el carácter competitivo de Las Monjitas.

Lejos de bajar los brazos, el equipo salió a buscar el partido.

Rufino Bensadón, que terminó siendo el máximo anotador de Las Monjitas con cinco goles, siguió intentando generar peligro. Lucas Criado también tuvo una actuación importante y aportó tres tantos durante la final.

Las Monjitas tuvo posibilidades para reducir la diferencia.

Pero La Irenita ya había encontrado el funcionamiento que necesitaba.

El equipo defendió con orden, evitó conceder espacios innecesarios y, cuando tuvo la oportunidad, volvió a golpear.

El último parcial terminó 1-1.

El tablero quedó finalmente en 13-9.

La Irenita era campeón.

MATÍAS “VIZCACHA” MAC DONOUGH, LA FIGURA DE LA FINAL

Si hubo un nombre propio que sobresalió por encima del resto, fue el de Matías “Vizcacha” Mac Donough.

El joven back tuvo una final extraordinaria.

Marcó ocho goles, seis de ellos mediante penales, y terminó siendo el máximo anotador del partido. Además, recibió el premio al MVP de la final.

Su actuación fue particularmente significativa porque no se limitó a la definición.

Desde el fondo de la cancha tuvo una tarea importante en la construcción del juego. Su capacidad para sacar la bocha con limpieza permitió que La Irenita pudiera iniciar varios ataques desde posiciones defensivas sin recurrir permanentemente a la salida larga.

Y cuando aparecieron los penales, mostró una enorme efectividad.

De los ocho goles de La Irenita que convirtió, seis llegaron desde las 60, 40 o 30 yardas.

Esa eficacia terminó teniendo un peso enorme en el resultado.

La final también tuvo un componente familiar muy particular: Matías compartió equipo con su tío Pablo Mac Donough, uno de los grandes nombres del polo argentino y ganador en cuatro oportunidades del Abierto del Jockey Club.

Para Matías fue además su primera conquista en este certamen.

PABLO MAC DONOUGH, EL CONDUCTOR

Pablo Mac Donough volvió a demostrar por qué continúa siendo una referencia del alto handicap argentino.

El diez goles no necesitó convertirse en el goleador del equipo para resultar determinante.

Su influencia estuvo especialmente vinculada con la conducción del juego.

En la segunda mitad consiguió imponer un ritmo diferente y ordenar los movimientos de La Irenita.

Cuando el partido estaba 6-6, fue uno de los jugadores que mejor interpretó el momento.

La Irenita necesitaba dejar atrás el juego de ida y vuelta permanente de la primera mitad y comenzar a administrar mejor las posesiones.

Mac Donough fue clave para conseguirlo.

El resultado tuvo además un valor especial para él: fue su cuarto título en el Abierto del Jockey Club.

La última vez que La Irenita había levantado esta copa había sido en 2010, por lo que el regreso al primer lugar llegó después de dieciséis años.

LA EXPERIENCIA DE PACO DE NARVÁEZ Y LAULHÉ

La final no se explica solamente por la producción de los Mac Donough.

Uno de los grandes méritos de La Irenita fue haber conseguido que sus cuatro jugadores participaran activamente del funcionamiento colectivo.

Paco de Narváez y Beltrán Laulhé aportaron dos goles cada uno, pero su incidencia fue mucho más amplia.

Ambos tuvieron una tarea importante en la presión y en la marcación.

En partidos de esta naturaleza, no siempre el jugador que convierte más es el que mayor incidencia tiene sobre el resultado.

La presión sobre el hombre, la capacidad de abrir una línea de pase, la recuperación de una bocha dividida o una buena cobertura defensiva pueden ser tan determinantes como un gol.

La Irenita encontró ese equilibrio.

LAS MONJITAS, UNA FINAL QUE SE ESCAPÓ EN LA SEGUNDA MITAD

Las Monjitas realizó una gran campaña y llegó a la final después de eliminar a La Natividad La Dolfina en un chukker suplementario.

Por eso, su presencia en la definición ya representaba una de las grandes historias del torneo.

Durante los primeros cuatro parciales, el equipo estuvo a la altura.

Rufino Bensadón fue uno de sus principales argumentos ofensivos. Marcó cinco goles, dos de ellos de penal, y mantuvo a Las Monjitas en partido durante buena parte de la definición.

Lucas Criado aportó tres tantos y Jerónimo del Carril convirtió uno.

Juan Britos no marcó, pero tuvo incidencia en la generación del juego y en el funcionamiento colectivo.

El problema apareció después del 6-6.

La Irenita consiguió acelerar el ritmo y Las Monjitas no encontró la misma capacidad de respuesta.

El 3-1 del quinto chukker fue el primer golpe.

El 3-1 del sexto fue el segundo.

Con el 12-8 en el tablero, la remontada se convirtió en una misión extremadamente difícil.

LA EFECTIVIDAD DESDE LAS 60 Y LAS 40 YARDAS

Otro dato que ayuda a explicar la final fue la eficacia de La Irenita en los penales.

Matías Mac Donough convirtió seis de los goles de su equipo desde la vía del penal.

Eso significa que, además de haber generado situaciones de juego, La Irenita tuvo la capacidad de aprovechar las infracciones cometidas por su rival.

En una final pareja, cuatro goles pueden marcar una diferencia enorme.

Y en este caso los penales fueron una de las herramientas que permitieron que La Irenita transformara una primera mitad de máxima paridad en una segunda parte de dominio.

Las Monjitas, en cambio, tuvo una producción inferior desde los penales.

Bensadón convirtió dos y el equipo no pudo aprovechar todas las oportunidades que tuvo.

UNA FINAL DE MENOR A MAYOR

La expresión que mejor define el rendimiento de La Irenita es de menor a mayor.

El campeón no dominó desde el primer throw-in.

No fue un partido en el que un equipo se escapó desde el comienzo y simplemente administró la diferencia.

Todo lo contrario.

La primera mitad fue de extrema paridad.

Las Monjitas incluso consiguió adelantarse en algunos pasajes.

Pero La Irenita tuvo una virtud esencial: supo esperar su momento.

Y cuando encontró las condiciones para imponer su juego, lo hizo con contundencia.

El paso del 6-6 al 9-7 fue el comienzo.

El 12-8 del sexto chukker fue la confirmación.

El 13-9 definitivo fue la consecuencia.

UNA COPA CON VALOR ESPECIAL

El triunfo tiene una importancia particular para La Irenita.

No solamente porque se trata de uno de los tradicionales torneos de la temporada argentina, sino porque el equipo volvió a ganar el Jockey Club después de 16 años.

Para Pablo Mac Donough significó su cuarto título.

Para Paco de Narváez, el segundo.

Para Beltrán Laulhé y Matías Mac Donough, el primero.

Pero además, el campeonato llega en un momento particularmente importante del calendario.

El Abierto del Jockey Club funciona como una de las últimas grandes estaciones antes de la Triple Corona.

Y La Irenita consiguió llegar a esa instancia con una copa bajo el brazo y, sobre todo, con la confirmación de que el equipo puede competir con formaciones de gran nivel.

LA MIRADA PUESTA EN LO QUE VIENE

La temporada de alto handicap entra ahora en su tramo decisivo.

El Abierto del Hurlingham Club marca el comienzo de la Triple Corona y posteriormente llegarán Tortugas y Palermo.

La Irenita, sin embargo, tendrá inmediatamente otro desafío: la clasificación para los grandes abiertos.

El título conseguido en San Isidro puede funcionar como un impulso importante para un equipo que mostró una evolución clara durante el torneo.

La final dejó una señal particularmente interesante: La Irenita consiguió mejorar su producción a medida que aumentó la exigencia.

Eso, en el alto handicap, tiene un valor enorme.

Porque una cosa es jugar bien cuando el partido está controlado.

Otra muy distinta es mejorar cuando el marcador está igualado y la presión aumenta.

La Irenita lo hizo.

EL PARTIDO EN NÚMEROS

61° Abierto del Jockey Club Copa Eminent

Final: La Irenita 13-9 Las Monjitas

Cancha: Jockey Club, Cancha 1, San Isidro

La Irenita, 33 goles:

Paco de Narváez, 8 goles de handicap, 2 goles

Beltrán Laulhé, 8 goles de handicap, 2 goles

Pablo Mac Donough, 10 goles de handicap, 1 gol

Matías Mac Donough (h.), 7 goles de handicap, 8 goles

Las Monjitas, 32 goles:

Rufino Bensadón, 8 goles de handicap, 5 goles

Lucas Criado (h.), 8 goles de handicap, 3 goles

Juan Britos, 8 goles de handicap

Jerónimo del Carril, 8 goles de handicap, 1 gol

Progresión de La Irenita:

1-1

2-3

5-5

6-6

9-7

12-8

13-9

Goleador de la final: Matías Mac Donough, 8 goles.

MVP: Matías “Vizcacha” Mac Donough.

Mejor producto registrado de la Raza Polo Argentino: Irenita Ronda, ejemplar jugado por Matías Mac Donough.

UNA FINAL QUE DEJA UNA SEÑAL

La Irenita ganó porque supo interpretar mejor los momentos del partido.

Durante cuatro chukkers tuvo que resistir la paridad y aceptar que Las Monjitas también podía imponer condiciones. No se desesperó. No perdió estructura. No abandonó su plan.

Después del 6-6 apareció otra versión.

Pablo Mac Donough tomó mayor control del juego, Matías Mac Donough se convirtió en protagonista absoluto, Paco de Narváez y Beltrán Laulhé aumentaron su influencia en la marca y La Irenita empezó a ganar metros, posesiones y situaciones de gol.

En apenas dos chukkers, el partido pasó de un empate 6-6 a un 12-8.

Ahí estuvo la final.

El último parcial solamente sirvió para confirmar una diferencia que ya había sido construida.

El 13-9 definitivo coronó a La Irenita y devolvió a la organización de los Mac Donough una copa que no levantaba desde 2010.

En una temporada que ya empieza a entrar en el territorio de la Triple Corona, La Irenita consiguió algo más que un título: consiguió una actuación que mostró capacidad de reacción, estructura, efectividad y, sobre todo, una evolución evidente durante los siete chukkers.

La Copa Eminent quedó en manos de La Irenita.

Y San Isidro volvió a ser escenario de una final en la que el polo terminó resolviéndose, como tantas veces, en el medio de la cancha, en los detalles y en la capacidad de un equipo para encontrar su mejor versión cuando la definición realmente comienza.

B

Un campeón que creció con el partido y terminó imponiendo su jerarquía

La Irenita se consagró campeón del 61° Abierto del Jockey Club Copa Eminent al derrotar a Las Monjitas por 13-9 en la Cancha 1 del Jockey Club de San Isidro, en una final que durante buena parte de su desarrollo tuvo absoluta paridad, pero que terminó inclinándose con claridad hacia el equipo de los Mac Donough a partir del quinto chukker.

Fue una definición de alto handicap con todos los condimentos que se esperan de un partido de estas características: intensidad, velocidad, juego abierto, alternancia en el dominio de la bocha, presión sobre cada hombre y una segunda mitad en la que la capacidad de La Irenita para transformar situaciones de ataque en goles terminó siendo determinante.

La formación campeona, integrada por Paco de Narváez, Beltrán Laulhé, Pablo Mac Donough y Matías “Vizcacha” Mac Donough, llegó a la definición con 33 goles de valorización y terminó imponiendo su estructura frente a un conjunto de Las Monjitas de 32 goles, que había alcanzado la final después de una extraordinaria victoria ante La Natividad La Dolfina.

El resultado final, 13-9, puede dar la impresión de una diferencia mayor de la que realmente existió durante buena parte del encuentro. Hasta el cuarto chukker, la final fue prácticamente de igual a igual. El tablero marcaba 6-6 y ninguno de los dos equipos conseguía establecer una superioridad sostenida.

La historia cambió después del descanso largo.

Allí apareció la mejor versión de La Irenita.

UNA FINAL QUE ARRANCÓ ABIERTA

Desde el primer throw-in quedó claro que no habría demasiados espacios para la especulación.

Las Monjitas salió a jugar con decisión, intentando llevar la bocha hacia adelante con velocidad y aprovechando la dinámica de Rufino Bensadón, Lucas Criado y Juan Britos. La Irenita, por su parte, buscó establecer rápidamente una estructura de juego más ordenada, con Pablo Mac Donough como eje de la organización y Matías Mac Donough cumpliendo un papel fundamental desde el fondo.

El primer chukker terminó 1-1.

Era apenas el comienzo, pero ya podía advertirse una característica que terminaría definiendo la primera mitad: ninguno lograba sostener el control durante períodos prolongados.

Las Monjitas tuvo momentos de dominio territorial y consiguió adelantarse 3-1 durante el segundo parcial. Sin embargo, La Irenita respondió rápidamente y volvió a meterse en partido.

El conjunto rojiblanco no perdió la compostura.

En lugar de entrar en un intercambio permanente de ataques sin estructura, intentó recuperar la bocha y salir con mayor claridad. La combinación entre la experiencia de Pablo Mac Donough y la potencia de los otros tres jugadores comenzó a darle al equipo una alternativa diferente para cada situación de juego.

El segundo chukker terminó 2-3 para Las Monjitas, pero la diferencia era mínima.

El partido estaba completamente abierto.

EL MEDIO CAMPO COMO ZONA DE BATALLA

Uno de los aspectos más interesantes de la final fue la disputa en el medio de la cancha.

En el polo de alto handicap, la capacidad de ganar la primera bocha y, fundamentalmente, de transformar una recuperación defensiva en una situación ofensiva limpia, suele marcar diferencias. En San Isidro ocurrió exactamente eso.

Pablo Mac Donough tuvo una participación central en ese aspecto.

El diez goles de La Irenita fue quien consiguió, especialmente después del descanso, darle mayor continuidad al juego de su equipo. Su lectura de las líneas de pase y su capacidad para conducir la bocha permitieron que La Irenita dejara de jugar exclusivamente en función de los movimientos de Las Monjitas.

El partido comenzó a cambiar cuando La Irenita consiguió jugar más adelante.

Ya no se trataba solamente de defender los avances rivales. La Irenita empezó a recuperar y salir inmediatamente hacia campo contrario, obligando a Las Monjitas a retroceder.

Ese cambio fue decisivo.

6-6: LA FINAL LLEGÓ AL ECUADOR SIN DUEÑO

El tercer chukker terminó 5-5 y el cuarto fue nuevamente de enorme equilibrio.

Las dos formaciones llegaron al descanso largo empatadas 6-6.

La progresión del partido hasta ese momento refleja perfectamente lo sucedido:

1-1, 2-3, 5-5, 6-6.

Las Monjitas había tenido momentos de supremacía, pero nunca había logrado despegarse.

La Irenita, por su parte, había mostrado una virtud que terminaría siendo fundamental: aun cuando no encontraba su mejor polo, permanecía dentro del partido.

Ese detalle fue determinante.

Porque cuando llegó el quinto chukker, el partido estaba en cero.

Y allí La Irenita encontró otra velocidad.

EL QUINTO CHUKKER, EL PUNTO DE INFLEXIÓN

El quinto parcial fue el verdadero quiebre de la final.

La Irenita comenzó a ganar los duelos individuales, recuperó más bochas en el medio y, fundamentalmente, consiguió encadenar jugadas ofensivas.

El equipo dejó de depender de acciones aisladas y comenzó a jugar como bloque.

Paco de Narváez y Beltrán Laulhé empezaron a tener mayor incidencia en la presión sobre los hombres de Las Monjitas. Pablo Mac Donough encontró espacios para conducir y Matías Mac Donough empezó a convertirse en una pieza decisiva tanto para cortar avances como para iniciar ataques desde el fondo.

El resultado fue inmediato.

La Irenita ganó el quinto chukker 3-1 y pasó del 6-6 al 9-7.

No era todavía una final definida, pero sí había cambiado la sensación del partido.

Las Monjitas había dejado de tener la misma fluidez que había mostrado durante la primera mitad.

La Irenita, en cambio, comenzaba a jugar con mayor confianza.

EL SEXTO CHUKKER Y EL GOLPE DEFINITIVO

Si el quinto parcial fue el punto de inflexión, el sexto terminó de inclinar la balanza.

La Irenita siguió presionando y encontró nuevamente la manera de transformar sus recuperaciones en goles.

El equipo se mostró más compacto.

La diferencia entre ambas formaciones comenzó a aparecer en la eficiencia.

Mientras Las Monjitas necesitaba elaborar más sus ataques para conseguir situaciones claras, La Irenita encontraba profundidad con mayor rapidez.

El sexto chukker terminó nuevamente favorable al campeón, esta vez por 3-1.

El marcador pasó de 9-7 a 12-8.

Cuatro goles de diferencia con solamente un chukker por jugar.

La final estaba prácticamente en manos de La Irenita.

LAS MONJITAS BUSCÓ LA REACCIÓN

El último chukker mostró el carácter competitivo de Las Monjitas.

Lejos de bajar los brazos, el equipo salió a buscar el partido.

Rufino Bensadón, que terminó siendo el máximo anotador de Las Monjitas con cinco goles, siguió intentando generar peligro. Lucas Criado también tuvo una actuación importante y aportó tres tantos durante la final.

Las Monjitas tuvo posibilidades para reducir la diferencia.

Pero La Irenita ya había encontrado el funcionamiento que necesitaba.

El equipo defendió con orden, evitó conceder espacios innecesarios y, cuando tuvo la oportunidad, volvió a golpear.

El último parcial terminó 1-1.

El tablero quedó finalmente en 13-9.

La Irenita era campeón.

MATÍAS “VIZCACHA” MAC DONOUGH, LA FIGURA DE LA FINAL

Si hubo un nombre propio que sobresalió por encima del resto, fue el de Matías “Vizcacha” Mac Donough.

El joven back tuvo una final extraordinaria.

Marcó ocho goles, seis de ellos mediante penales, y terminó siendo el máximo anotador del partido. Además, recibió el premio al MVP de la final.

Su actuación fue particularmente significativa porque no se limitó a la definición.

Desde el fondo de la cancha tuvo una tarea importante en la construcción del juego. Su capacidad para sacar la bocha con limpieza permitió que La Irenita pudiera iniciar varios ataques desde posiciones defensivas sin recurrir permanentemente a la salida larga.

Y cuando aparecieron los penales, mostró una enorme efectividad.

De los ocho goles de La Irenita que convirtió, seis llegaron desde las 60, 40 o 30 yardas.

Esa eficacia terminó teniendo un peso enorme en el resultado.

La final también tuvo un componente familiar muy particular: Matías compartió equipo con su tío Pablo Mac Donough, uno de los grandes nombres del polo argentino y ganador en cuatro oportunidades del Abierto del Jockey Club.

Para Matías fue además su primera conquista en este certamen.

PABLO MAC DONOUGH, EL CONDUCTOR

Pablo Mac Donough volvió a demostrar por qué continúa siendo una referencia del alto handicap argentino.

El diez goles no necesitó convertirse en el goleador del equipo para resultar determinante.

Su influencia estuvo especialmente vinculada con la conducción del juego.

En la segunda mitad consiguió imponer un ritmo diferente y ordenar los movimientos de La Irenita.

Cuando el partido estaba 6-6, fue uno de los jugadores que mejor interpretó el momento.

La Irenita necesitaba dejar atrás el juego de ida y vuelta permanente de la primera mitad y comenzar a administrar mejor las posesiones.

Mac Donough fue clave para conseguirlo.

El resultado tuvo además un valor especial para él: fue su cuarto título en el Abierto del Jockey Club.

La última vez que La Irenita había levantado esta copa había sido en 2010, por lo que el regreso al primer lugar llegó después de dieciséis años.

LA EXPERIENCIA DE PACO DE NARVÁEZ Y LAULHÉ

La final no se explica solamente por la producción de los Mac Donough.

Uno de los grandes méritos de La Irenita fue haber conseguido que sus cuatro jugadores participaran activamente del funcionamiento colectivo.

Paco de Narváez y Beltrán Laulhé aportaron dos goles cada uno, pero su incidencia fue mucho más amplia.

Ambos tuvieron una tarea importante en la presión y en la marcación.

En partidos de esta naturaleza, no siempre el jugador que convierte más es el que mayor incidencia tiene sobre el resultado.

La presión sobre el hombre, la capacidad de abrir una línea de pase, la recuperación de una bocha dividida o una buena cobertura defensiva pueden ser tan determinantes como un gol.

La Irenita encontró ese equilibrio.

LAS MONJITAS, UNA FINAL QUE SE ESCAPÓ EN LA SEGUNDA MITAD

Las Monjitas realizó una gran campaña y llegó a la final después de eliminar a La Natividad La Dolfina en un chukker suplementario.

Por eso, su presencia en la definición ya representaba una de las grandes historias del torneo.

Durante los primeros cuatro parciales, el equipo estuvo a la altura.

Rufino Bensadón fue uno de sus principales argumentos ofensivos. Marcó cinco goles, dos de ellos de penal, y mantuvo a Las Monjitas en partido durante buena parte de la definición.

Lucas Criado aportó tres tantos y Jerónimo del Carril convirtió uno.

Juan Britos no marcó, pero tuvo incidencia en la generación del juego y en el funcionamiento colectivo.

El problema apareció después del 6-6.

La Irenita consiguió acelerar el ritmo y Las Monjitas no encontró la misma capacidad de respuesta.

El 3-1 del quinto chukker fue el primer golpe.

El 3-1 del sexto fue el segundo.

Con el 12-8 en el tablero, la remontada se convirtió en una misión extremadamente difícil.

LA EFECTIVIDAD DESDE LAS 60 Y LAS 40 YARDAS

Otro dato que ayuda a explicar la final fue la eficacia de La Irenita en los penales.

Matías Mac Donough convirtió seis de los goles de su equipo desde la vía del penal.

Eso significa que, además de haber generado situaciones de juego, La Irenita tuvo la capacidad de aprovechar las infracciones cometidas por su rival.

En una final pareja, cuatro goles pueden marcar una diferencia enorme.

Y en este caso los penales fueron una de las herramientas que permitieron que La Irenita transformara una primera mitad de máxima paridad en una segunda parte de dominio.

Las Monjitas, en cambio, tuvo una producción inferior desde los penales.

Bensadón convirtió dos y el equipo no pudo aprovechar todas las oportunidades que tuvo.

UNA FINAL DE MENOR A MAYOR

La expresión que mejor define el rendimiento de La Irenita es de menor a mayor.

El campeón no dominó desde el primer throw-in.

No fue un partido en el que un equipo se escapó desde el comienzo y simplemente administró la diferencia.

Todo lo contrario.

La primera mitad fue de extrema paridad.

Las Monjitas incluso consiguió adelantarse en algunos pasajes.

Pero La Irenita tuvo una virtud esencial: supo esperar su momento.

Y cuando encontró las condiciones para imponer su juego, lo hizo con contundencia.

El paso del 6-6 al 9-7 fue el comienzo.

El 12-8 del sexto chukker fue la confirmación.

El 13-9 definitivo fue la consecuencia.

UNA COPA CON VALOR ESPECIAL

El triunfo tiene una importancia particular para La Irenita.

No solamente porque se trata de uno de los tradicionales torneos de la temporada argentina, sino porque el equipo volvió a ganar el Jockey Club después de 16 años.

Para Pablo Mac Donough significó su cuarto título.

Para Paco de Narváez, el segundo.

Para Beltrán Laulhé y Matías Mac Donough, el primero.

Pero además, el campeonato llega en un momento particularmente importante del calendario.

El Abierto del Jockey Club funciona como una de las últimas grandes estaciones antes de la Triple Corona.

Y La Irenita consiguió llegar a esa instancia con una copa bajo el brazo y, sobre todo, con la confirmación de que el equipo puede competir con formaciones de gran nivel.

LA MIRADA PUESTA EN LO QUE VIENE

La temporada de alto handicap entra ahora en su tramo decisivo.

El Abierto del Hurlingham Club marca el comienzo de la Triple Corona y posteriormente llegarán Tortugas y Palermo.

La Irenita, sin embargo, tendrá inmediatamente otro desafío: la clasificación para los grandes abiertos.

El título conseguido en San Isidro puede funcionar como un impulso importante para un equipo que mostró una evolución clara durante el torneo.

La final dejó una señal particularmente interesante: La Irenita consiguió mejorar su producción a medida que aumentó la exigencia.

Eso, en el alto handicap, tiene un valor enorme.

Porque una cosa es jugar bien cuando el partido está controlado.

Otra muy distinta es mejorar cuando el marcador está igualado y la presión aumenta.

La Irenita lo hizo.

EL PARTIDO EN NÚMEROS

61° Abierto del Jockey Club Copa Eminent

Final: La Irenita 13-9 Las Monjitas

Cancha: Jockey Club, Cancha 1, San Isidro

La Irenita, 33 goles:

Paco de Narváez, 8 goles de handicap, 2 goles

Beltrán Laulhé, 8 goles de handicap, 2 goles

Pablo Mac Donough, 10 goles de handicap, 1 gol

Matías Mac Donough (h.), 7 goles de handicap, 8 goles

Las Monjitas, 32 goles:

Rufino Bensadón, 8 goles de handicap, 5 goles

Lucas Criado (h.), 8 goles de handicap, 3 goles

Juan Britos, 8 goles de handicap

Jerónimo del Carril, 8 goles de handicap, 1 gol

Progresión de La Irenita:

1-1

2-3

5-5

6-6

9-7

12-8

13-9

Goleador de la final: Matías Mac Donough, 8 goles.

MVP: Matías “Vizcacha” Mac Donough.

Mejor producto registrado de la Raza Polo Argentino: Irenita Ronda, ejemplar jugado por Matías Mac Donough.

UNA FINAL QUE DEJA UNA SEÑAL

La Irenita ganó porque supo interpretar mejor los momentos del partido.

Durante cuatro chukkers tuvo que resistir la paridad y aceptar que Las Monjitas también podía imponer condiciones. No se desesperó. No perdió estructura. No abandonó su plan.

Después del 6-6 apareció otra versión.

Pablo Mac Donough tomó mayor control del juego, Matías Mac Donough se convirtió en protagonista absoluto, Paco de Narváez y Beltrán Laulhé aumentaron su influencia en la marca y La Irenita empezó a ganar metros, posesiones y situaciones de gol.

En apenas dos chukkers, el partido pasó de un empate 6-6 a un 12-8.

Ahí estuvo la final.

El último parcial solamente sirvió para confirmar una diferencia que ya había sido construida.

El 13-9 definitivo coronó a La Irenita y devolvió a la organización de los Mac Donough una copa que no levantaba desde 2010.

En una temporada que ya empieza a entrar en el territorio de la Triple Corona, La Irenita consiguió algo más que un título: consiguió una actuación que mostró capacidad de reacción, estructura, efectividad y, sobre todo, una evolución evidente durante los siete chukkers.

La Copa Eminent quedó en manos de La Irenita.

Y San Isidro volvió a ser escenario de una final en la que el polo terminó resolviéndose, como tantas veces, en el medio de la cancha, en los detalles y en la capacidad de un equipo para encontrar su mejor versión cuando la definición realmente comienza.

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